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El masaje aplicado a la recuperación del deportista

A menudo escuchamos que practicar deporte o actividad física no es sano si no se realiza con unas características concretas: volumen e intensidad media y prioridad del trabajo de fuerza-resistencia, flexibilidad y resistencia aeróbica. El deporte de alto nivel exige esfuerzos intensos y prolongados; lógicamente el intentar alcanzar y superar continuamente el máximo de nuestras posibilidades, en definitiva, de “forzar” el organismo ocasiona una serie de lesiones, con el parón de trabajo que ello ocasiona y la pérdida de tiempo útil, primero para curar la lesión y luego para situarse al mismo nivel en que se encontraba el deportista antes del problema en cuestión. En este sentido el masaje se muestra como un “arma” eficaz para mejorar el rendimiento y que el cuerpo/a del deportista no se resienta por ello, o al menos minimizar los efectos de los esfuerzos acentuados como los largos entrenamientos y competiciones.

La victoria o la derrota en la competición, por otro lado, no deben influir en los medios de recuperación que empleemos, García (2001:162). Tenemos que buscar un buen rendimiento cuidando al mismo tiempo la salud.

El deporte de competición exige entrenamientos de larga duración y repetición de movimientos (necesidad de recuperarse rápidamente de un esfuerzo a otro), para sacar lo mejor del deportista sus músculos necesitan estar en perfectas condiciones. Debe descansar y recuperarse para alcanzar y mantener un estado de forma óptimo ya que si esta recuperación es inadecuada imposibilitará alcanzar el nivel deseado y además será más propenso a sufrir lesiones.

El masaje en el proceso de entrenamiento

El entrenamiento de un deportista es un complejo proceso en el que se deben utilizar racionalmente todos los factores que influyen sobre la evolución del deportista y su rendimiento de forma que pueda alcanzar altos resultados deportivos. Entre estos factores situamos el masaje y sus técnicos (masajistas). Navarro (1996:17) menciona el entorno de entrenamiento (instalaciones, psicólogos, preparadores físicos, médicos, entrenadores…) encuadrando a los masajistas dentro del personal de apoyo como técnicos de intervención continuada, lo cual resalta la importancia de su presencia habitual.

El masaje aparte de colaborar en evitar el estado de sobreentrenamiento ayuda a la prevención de lesiones, es una técnica muy utilizada en este sentido pues acelera la recuperación muscular post esfuerzo previniendo posibles sobrecargas musculares que puedan conducir a una lesión.

Lo más adecuado es un masaje diario o tras cada sesión de entreno. Si no podemos aplicarlo tan a menudo debemos realizarlo al menos una vez a la semana tras la sesión más dura. Si es así, el masaje ha de ser más profundo para compensar su escasa utilización. En todo caso los/as deportistas aficionados deberían utilizar el masaje al menos una vez cada dos semanas como método de prevención de lesiones. Numerosos autores mencionan su valor, Becerro (1994: 268), Platonov (1991: 185), Genety (1995: 17), Biriukov (1998: 19). Su importancia es indiscutible.

La fatiga y el sobreentrenamiento

Nuestro cuerpo debe descansar y recuperarse para alcanzar y mantener un estado de forma ideal ya que una recuperación inadecuada impide alcanzar el nivel deseado y somos más propensos a sufrir lesiones.

Los deportistas de alto rendimiento se enfrentan a largas jornadas de entrenamiento que provocan fatiga. La fatiga es la dificultad del organismo para desarrollar una actividad a un determinado nivel, debido a la reducción de la capacidad funcional de los músculos como resultado de la aplicación de las cargas del entrenamiento. Siguiendo a Scherrerr (1991:37), la fatiga se manifiesta a través de la apreciación subjetiva del propio deportista, sus sensaciones, y a través de las manifestaciones objetivas que se observan en él como resultado del entreno (disminución de rendimiento, falta de coordinación u errores…).

Podemos hablar de varios tipos: fatiga aguda que ocurre durante la realización de un trabajo físico; fatiga subaguda que ocurre después de una o varias sesiones de entreno y fatiga crónica que es la consecuencia de un proceso de entrenamiento y ocasiona un estado de fatiga permanente lo que equivaldría a un estado de sobreentrenamiento del deportista.

Con un trabajo preventivo, utilizando el masaje, reducimos las consecuencias de la fatiga y evitamos entrar en fatiga crónica. Utilizándolo tras cada sesión de entreno disminuimos la subaguda y favorecemos que se retarde la aguda o sea de menor intensidad.

Esta fatiga crónica de la que hablamos ocasiona el sobreentrenamiento del deportista y la disminución de su rendimiento; se rompe el equilibrio entre el entreno o carga y la recuperación. Entre las causas de este desequilibrio está no utilizar, o hacerlo de manera insuficiente, los medios de recuperación adecuados. El sobreentrenamiento ocurre por una acumulación de sustancias de desecho del metabolismo como el ácido láctico, acompañado de cambios enzimáticos, electrolíticos, hormonales, celulares. La fatiga que lo acompaña suele asociarse de una disminución en la concentración, fatiga sensorial, una disminución de la percepción visual, auditiva o táctil y emocional.

Como síntomas en este estado de fatiga podemos señalar:

Sensación de cansancio que aparece incluso al realizar las acciones más simples.

Sensación de pesadez muscular en ocasiones acompañada de molestias musculares.

Alteraciones del ritmo cardiaco y respiratorio.

Disminución en la coordinación de los movimientos y errores en la ejecución de los mismos.

Falta de motivación.

Si el proceso de sobreentrenamiento persiste pueden aparecer otros síntomas como:

Irritabilidad.

Alteraciones en el sueño.

Pérdida de peso.

Disminución notable de rendimiento.

Apatía.

Para evitar o minimizar dichos estados de fatiga el masaje de recuperación tiene un valor incuestionable, de hecho muchos investigadores lo consideran el método más eficaz para recuperar el nivel de esfuerzo tras las cargas del entreno o competición.

Tipos de masaje

Terapéutico: Es el masaje de recuperación de una lesión o enfermedad.

Higiénico: Tipo de masaje enfocado a la estética o relajación.

Deportivo: Empleado para la preparación de deportistas.

Dentro del masaje deportivo (que es el tema que nos ocupa) podemos diferenciar los siguientes tipos:

De calentamiento: Para poner a punto al deportista antes de la prueba

Intermedio: Para mantenerlo en un estado óptimo entre prueba y prueba celebradas con poco tiempo de descanso.

De recuperación: Realizado al final de la prueba o entreno para recuperar lo antes posible.

Acción del masaje de recuperación

Las contracciones prolongadas de los músculos llevan al deportista a un estado de fatiga muscular. Este estado se caracteriza por la incapacidad de los procesos metabólico y contráctil de las fibras musculares para soportar un nivel de esfuerzo. La contracción muscular se debilita por causa del descenso en el aporte de nutrientes y la acumulación de productos de desecho.

El masaje acelera la reabsorción de toxinas, el retorno venoso y la difusión del ácido láctico a los vasos linfáticos que actúan como conductos de limpieza desde donde pasan a la sangre, Biriukov (1998: 28). El dolor provocado por acumulación de catabolitos y la vasoconstricción reduce la capacidad del deportista por lo que la hiperemia provocada por el masaje facilita la eliminación de sustancias de desecho. Este tipo de masaje se aplica para la recuperación del esfuerzo (para reiniciar la actividad a un alto nivel en un corto espacio de tiempo) sin que exista ninguna lesión en el deportista. Es importante subrayar este punto ya que para recuperar lesiones habría que emplear otras técnicas que no son las descritas aquí.

Al mismo tiempo el masaje influye en el estado psicológico del deportista por las características del contacto corporal: reconfortante, calmante, placentero…

El masaje estimula la producción de líquido sinovial que es el nutriente de las articulaciones, así cuando existe una sobrecarga en una articulación, al aumentar el flujo de sangre y linfa favorece el restablecimiento de su función normal.

Algunos autores mencionan este tipo de masaje con otras denominaciones, masaje eliminador, Montiel (1991: 40) o masaje de restauración, Vázquez (1993: 325). En definitiva es el tipo de masaje que libera al músculo de los subproductos del esfuerzo intenso o prolongado para que pueda rendir al máximo nivel en un corto espacio de tiempo.

Beneficios del masaje de recuperación

Reduce la fatiga.

Reduce el tiempo de recuperación de las capacidades físicas.

Mejora la capacidad para volver a competir o entrenar.

Mejora la capacidad de excitabilidad y de contracción muscular.

Favorece la relajación psíquica por el medio de contacto masajista-deportista.

Disminuye la hipertonía muscular.

Aumenta la irrigación sanguínea con lo que aumenta la oxigenación muscular.

Facilita que el deportista concilie mejor el sueño.

Aplicación

Después de la ducha, una media hora después de la prueba o entrenamiento es el mejor momento para este tipo de masaje cuando el organismo del deportista todavía está caliente favoreciendo la eliminación de productos de desecho, Biriukov (1998: 35).

La duración debe ser de unos 30-40 minutos o más si disponemos de tiempo (el tiempo necesario para una buena oxigenación). La velocidad de las maniobras será lenta (favorece la relajación) y la profundidad media o profunda (para liberar los músculos de toxinas) dependiendo del numero de sesiones que podamos aplicar cada semana. Las manipulaciones se realizan con un ritmo uniforme sin brusquedades y manteniendo en todo momento el contacto corporal para aumentar el efecto relajante.

El masaje de recuperación es un masaje general (no local) eso sí, haciendo especial hincapié en las zonas que han soportado un mayor trabajo.

Maniobras utilizadas

Drenaje venoso y linfático, Amasamientos, Fricciones, Presiones, Vibración

Drenaje venoso y linfático:

Tipo de masaje que ejerce una acción de drenaje de la linfa; su objetivo es la acticirculación para que la linfa no se sature de sustancias de desecho. Con sus maniobras actuamos para favorecer el paso de la linfa a los ganglios linfáticos que comunican con vías mas profundas. Por el contacto (muy suave), repetitivo y lento produce un gran efecto relajante.

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